En política se pueden decir muchas cosas. Se puede sembrar miedo, instalar dudas, repetir que todo está mal. Pero al final, la realidad se impone. Se impone cuando llega el sueldo a fin de mes; cuando una persona mayor ve subir su pensión; cuando una familia entra a un hospital público sin pagar un peso; cuando una trabajadora o un trabajador vuelve antes a su casa porque la jornada es más corta. Ahí no hay relato que aguante: ahí manda la vida real.

Cuando comenzó el Gobierno del Presidente Gabriel Boric, Chile estaba golpeado: inflación disparada, inseguridad creciente, fronteras sin control y una sensación instalada de que el país se caía a pedazos. Esa fue la herencia. Y mientras algunos apostaron por seguir instalando la idea de la fatalidad permanente, este Gobierno se dedicó a lo esencial: estabilizar, avanzar y transformar. Esos fueron los ejes para mejorar las condiciones materiales de vida de las personas.

Hoy no lo decimos nosotros: lo dicen los hechos. Más de mil avances concretos muestran que Chile está mejor que ayer. No mejor en discursos: mejor en la mesa de las familias.

En la Región de Coquimbo, ese progreso no se mira desde estadísticas abstractas, sino desde el territorio. Nuestra región conoce bien sus desafíos estructurales: la sequía que tensiona el mundo rural y productivo, las brechas de conectividad, la necesidad de mejorar el acceso a salud oportuna, el costo de la vida, la seguridad y la recuperación de espacios públicos. Por eso, cuando hablamos de avances, hablamos de medidas que devuelven certezas y de inversiones que se materializan en el territorio, comuna por comuna.

El primer deber de un gobierno responsable es estabilizar: ordenar la casa, recuperar la gobernabilidad y asegurar condiciones mínimas para que las familias planifiquen su vida. Eso ha significado enfrentar la inflación, proteger la economía familiar y fortalecer la presencia del Estado donde por años estuvo ausente o debilitado.

En Coquimbo, estabilizar también es seguridad. Y aquí hay decisiones concretas: la instalación del OS7 Limarí–Choapa y del OS9 Coquimbo refuerza el combate al narcotráfico y al crimen organizado con capacidades especializadas, articulando mejor la prevención, la investigación y el control en nuestros territorios. Esto no reemplaza el trabajo comunitario ni el rol de los municipios, pero sí fortalece una línea de acción indispensable: perseguir con eficacia a quienes lucran con la violencia y el miedo.

Una vez que se estabiliza, se puede avanzar con mayor fuerza en lo esencial: ingresos, salud, transporte, educación y calidad de vida.

En salud, la región vive un hito que proyecta futuro: el inicio de la construcción de tres hospitales para la Región de Coquimbo —La Serena, Coquimbo e Illapel—. Hablar de hospitales no es hablar solo de infraestructura; es hablar de dignidad, de reducir tiempos de espera, de mejorar el acceso a especialidades, de acercar la atención a las personas y de fortalecer la red pública en zonas que por años han requerido mayor capacidad resolutiva.

En movilidad y modernización urbana, la llegada de buses eléctricos para la conurbación La Serena–Coquimbo es más que un cambio tecnológico. Es una señal de que la transición a un transporte público más limpio y moderno puede —y debe— llegar también a las regiones. Menos ruido, menos contaminación y un estándar de servicio que mejora la experiencia cotidiana de miles de usuarias y usuarios.

Hay transformaciones que son, además, apuestas estratégicas. En Coquimbo, hablar de futuro obliga a hablar de agua. Por eso, el impulso a una planta desalinizadora para la conurbación no es un tema técnico aislado: es una respuesta estructural ante una realidad ineludible. Asegurar abastecimiento para las ciudades, dar mayor resiliencia al sistema y planificar con visión de largo plazo es parte de la responsabilidad pública en una región marcada por la escasez hídrica.

Pero transformar no es solo infraestructura y seguridad. Transformar también es fortalecer el tejido social, la organización y la capacidad de las comunidades para incidir en su propio desarrollo. En ese marco, la Escuela de formación para más de 370 dirigentes campesinos y campesinas de la Región de Coquimbo representa una convicción profunda: no hay desarrollo territorial posible sin liderazgos locales con herramientas, sin organizaciones fortalecidas y sin reconocimiento a quienes sostienen la ruralidad y la producción local en condiciones muchas veces adversas.

Ese trabajo con dirigencias, con organizaciones y con comunidades no es accesorio: es democracia en acción. Es presencia del Estado en el territorio, con sentido, escuchando y construyendo con la gente.

Podrán decir que no fue suficiente o que la velocidad de los cambios fue distinta a la esperada. Pero resulta demasiado simplista —y muchas veces oportunista— sostener que este ha sido un gobierno desconectado de las necesidades de la ciudadanía. En Coquimbo, los avances se pueden nombrar con claridad: hospitales que comienzan a construirse, una respuesta estructural al agua mediante desalación, buses eléctricos modernizando la conurbación, unidades policiales especializadas fortaleciendo la seguridad y formación concreta para dirigencias campesinas que sostienen la vida rural.

En definitiva, gobernar ha sido mucho más que administrar lo posible. Ha sido estabilizar cuando todo temblaba; avanzar aun cuando el camino era cuesta arriba; y transformar con justicia y sentido de realidad, poniendo la vida cotidiana de las personas en el centro.

Claro que queda mucho por hacer; nadie lo niega. Pero negar lo avanzado no es una crítica honesta: es desconocer resultados que ya se expresan en la vida cotidiana. Más de mil avances no caben en un eslogan, pero sí se ven cuando las políticas públicas llegan al territorio y mejoran, concretamente, la vida de las familias.

Por eso, invito a todas y todos a visitar www.1000avances.cl, una plataforma que permite conocer, de manera clara y ordenada, cómo Chile está mejor que ayer. Luego de cuatro años de trabajo intenso, los números y las historias de vida muestran cambios contundentes. Y en ese camino, seguiremos trabajando hasta el último día de nuestro Gobierno.

Paulina Mora Lara, Seremi de Gobierno de la Región de Coquimbo

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